diciembre 24, 2008

La virgen que lo parió

Dejo algo que escribió un amigo para estos días:

La virgen que lo parió, por Lucas Magnín

"En el interior del interior de un país insignificante, en medio del olor de vacas, ovejas y pastores ignotos, bajo el yugo de servidumbre a la Roma decadente, nace Dios. María grita mientras puja y puja. Cristo ingresa al mundo por las puertas de la sangre, la fuerza y un desbocado chillido que retumba en las órbitas cavernosas. Forcejeos. Horribles miedos consejeros en las temblorosas piernas como puentes; las intrigas y la duda de la vida o lo desconocido o lo definitivo. El estómago como un globo enorme, tambaleándose, contrayéndose y simulando un estremecimiento final para luego renacer en golpes de puño y nuevos recrudecimientos. Toda la cara hecha sudor y nervios. Pulsión de músculos debatiendo; arrugas de gozo, comisuras caídas por el quebranto, lágrimas rituales y encías abdicando hacia lo profundo. Testigos emplazados junto al altar de la creación, como peces o ramas o alimentos. Irradiar; la iridiscente superación del umbral uterino. Pequeños dedos de un pie minúsculo avanzando hacia lo nuestro, pateando el destino de la desesperanza, el abandono y la paranoia de la leche desparramada en pleno desierto. Una carne roja emergiendo débil, indefensa; la inocencia de un golpeteo seco e inmediatamente, sobre los ahogos, un grito de paz.

Algunas manos se ciernen en el espacio lleno de pujas y verdades indisolubles para asistir al rústico duelo en el que Dios y el hombre, lo primitivo y lo final, las garras y el desasosiego, los brotes y la hoz, Adan y Eva y sus descendientes y el futuro de todos se entrecruzan en el saludable hábito carmesí de vencer la muerte desde la sangre... vencer la muerte desde la sangre... vencer la muerte desde la sangre... como el Cristo nos enseñó otra vez.

Tengo entre las manos el retrato de un Dios tan moderno como mis dedos, un Dios que se parece poco a los estereotipos, y que rompe los cristales de nuestra soledad. Si Cristo viniera hoy sería keniata, servio, boliviano o vietnamita; se parecería tanto y tan poco a mí y a mis prójimos que nos dejaría entre la incredulidad, el fascino y el desencanto; deconstruiría a Derridá, desafiaría a Bush, usaría parábolas de la cultura de masas; estaría rodeado de las personalidades pero dormiría en las favelas; no defendería partidos ni sectores ni siglas; protegería a los desclasados, a los que son escupidos y a los que se crucifica a diario. Saldría a menudo en las noticias acusando a la prensa de olvidar a los mártires de China, de levantar la bandera de los vampiros y hacer que tantos inseguros consuman hasta quedar anoréxicos por dentro.

Si Cristo volviera hoy, tendría una fragilidad misteriosa, una fuerza descomunal recluida en un rostro de amor. Sería como ese niño que nace en las periferias, y sin embargo controla el universo. Sería como ese adulto que se deja crucificar, y sin embargo la muerte no puede vencerlo. Sería como ese espacio vacío que ahora mismo te grita desde adentro, y sin embargo deja que seas vos quien le ponga palabras y amor y contacto a una Navidad llena de consumo.

Dios quiere nacer en tu corazón... y vos sos el dueño del pesebre".



Feliz Navidad para todos. Y, como dice otro amigo, no olvides que "Navidad es Jesús".

octubre 22, 2008

Seguridad y libertad

"Those who would give up essential liberty to purchase a little temporary safety deserve neither liberty nor safety" (Benjamin Franklin, An Historical Review of the Constitution and Government of Pennsylvania).

"Hace exactamente setenta años [1929], Sigmund Freud escribió Das Unbehagen in der Kultur, traducido al español bajo el título El malestar en la cultura. En esa obra primordial, Freud sugería que la “cultura” [occidental moderna] es un trueque: un valor atesorado se sacrifica a cambio de otro, igualmente imperativo y caro al corazón. En la traducción, leemos que el mayor don de la cultura es la seguridad que ofrece: seguri-dad con respecto a los muchos peligros que proceden de la naturaleza, del propio cuerpo y de las demás personas. En otras palabras, la cultura libera del miedo o, por lo menos, hace que los miedos resulten menos intensos y terribles. A cambio, sin embargo, la cultura impone restricciones –a veces severas, generalmente oprimentes, siempre irritantes– a la libertad individual. Los seres humanos no son libres de ir en pos de todo lo que sus corazones desean, y casi nada puede alcanzarse con la profundidad que nuestro corazón desearía. Los instintos son mantenidos a raya o suprimidos de plano: desventurada situación, que causa desazón psíquica, neurosis y rebeldía. Los malestares más comunes y las conductas transgresoras del orden emanan, según Freud, del sacrificio de gran parte de la libertad individual en aras de lo que hemos ganado –colectiva e individualmente– en términos de seguridad individual" (Zygmunt Bauman, En busca de la política).





Sin comentarios...

octubre 12, 2008

Cry out

Tantos clamando por ayuda al silencio, encerrados en su soledad más sola, dolidos de su dolor más hondo, quebrados en lo más medular de su quebranto. Aullidos sordos. Alaridos apagados. Lágrimas resecas. El escozor se gesta cuando el llanto se seca. No se capitula hasta que se duele árido. Las entrañas arden cuando los ojos se cansan de hablar. Las víceras duelen cuando las pupilas se apagan. El jadeo tembloroso de la desesperación. El suspiro prolongado de la resignación. La exhalación profunda del abandono completo. La oscuridad. La nada.

Is there anybody out there? Can anybody hear me? Can anyone even notice?



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"Dichosos los que sufren, porque serán consolados" (Mateo 5:4).

"Así dice aquel cuyo nombre es el Señor, el que hizo la tierra, y la formó y la estableció con firmeza: `Clama a mí y te responderé´" (Jeremías 33:2-3).

octubre 11, 2008

"Si ya terminaste, entonces podés volver a empezar"

Y pensar que censuraron esta publicidad...



“En lo profundo de su alma, conserva probablemente un secreto que defiende celosamente. Algunos nobles venidos a menos, arrinconados en una escuálida buhardilla, obligados a medir el pan, guardan en el fondo de un arca una joya minúscula que les recuerda los tiempos dichosos. También ella. Una existencia destrozada. Pero, en un ángulo, protegido obstinadamente contra las desilusiones en serie y las experiencias más degradantes, hay un trozo de esperanza. Esperanza de encontrar a alguien que no la considere solamente como instrumento de placer. Esperanza de poder ofrecer el propio corazón, además el cuerpo. Esperanza de volver a empezar todo de nuevo, de partir otra vez de cero. Esperanza de ser finalmente comprendida” (Alessandro Pronzato, Evangelios molestos).

septiembre 27, 2008

"Interrogando al legalista que llevamos dentro", por C. J. Mahaney

Detente un momento y recuerda.

Recuerda dónde estabas y cómo se sentía… ese momento en que entendiste la cruz por primera vez… cuando realmente comprendiste qué pasó en el Calvario, y qué significa verdaderamente que Cristo murió por tus pecados, qué significa verdaderamente ser salvo.

¿Recuerdas la pasión que tenías por Jesús? ¿Recuerdas el gozo y la desbordante gratitud a Dios que trajo el saber que tus pecados fueron perdonados?

Ahora piensa en tu vida cristiana de hoy. ¿Has avanzado hacia otras cosas? Quizás estás enfocado principalmente en combatir la lujuria, o en alcanzar relaciones puras con el sexo opuesto, o en batallar contra el orgullo, o en cultivar la paciencia.

Si es así, es probable que ahora la vida sea un poco diferente para ti. Quizás a menudo te falta el gozo, o te preguntas por qué no puedes progresar más en la madurez espiritual, o te sientes condenado cuando pecas. Así que estudias más la Biblia, o asistes a otra reunión de un grupo pequeño, o comienzas a servir en otras áreas en la iglesia, o lees el último libro.

Todas estas prácticas son buenas. Algunas son vitales. Pero déjame sugerir la causa probable de tus problemas: quizás simplemente te has alejado del mensaje que te salvó. Si careces de pasión por Dios, si te preguntas a veces a dónde se fue tu gozo, entonces considera: ¿sigues aferrado al evangelio? Así sea que hayas crecido en la iglesia o que te hayas salvado en las calles, fuiste salvado por el mismo mensaje sencillo: Cristo murió por tus pecados.

La manera en la que comenzamos este camino de fe debería ser la manera en la que lo continuamos. Empezamos con el evangelio. Deberíamos continuar con la misma fe sencilla en el mismo evangelio profundo. Nuestra tendencia a alejarnos del mensaje con el que comenzamos no es nueva. El apóstol Pablo se refirió a esta tendencia cuando escribió:

“¡Gálatas torpes! ¿Quién los ha hechizado a ustedes, ante quienes Jesucristo crucificado ha sido presentado tan claramente? Sólo quiero que me respondan a esto: ¿Recibieron el Espíritu por las obras que demanda la ley, o por la fe con que aceptaron el mensaje? ¿Tan torpes son? Después de haber comenzado con el Espíritu, ¿pretenden ahora perfeccionarse con esfuerzos humanos?” (Gálatas 3:1-3).

Pablo le recuerda a la iglesia el mensaje con el que la iglesia comenzó: “Jesucristo … crucificado”. La cruz es donde deberíamos estar plantados. La cruz nos recuerda que nuestros mejores esfuerzos nunca podrían alcanzar el perdón de Dios. Y la cruz nos recuerda que la obra de Cristo en nuestro lugar está por siempre acabada, así que nuestros mejores esfuerzos jamás podrán sumarse a Su obra.

¡Cuán rápido nos alejamos de este mensaje esencial! Comenzamos a basar nuestra relación con Dios en nuestro desempeño. Queremos sustituir nuestras obras –nuestra lectura bíblica, nuestra asistencia a la iglesia, nuestra participación en la iglesia- por la obra acabada de Cristo. Fácilmente caemos en la sutil pero seria trampa del legalismo, porque cada uno de nosotros tiene un legalista escondido dentro.

Si este término no te resulta familiar, así es como me gusta definir al legalismo: Legalismo es intentar alcanzar el perdón de Dios, la justificación ante Dios, y la aceptación de parte de Dios, a través de nuestra obediencia a Dios.

En otras palabras, un legalista es cualquiera que se comporta como si él o ella pudiera ganarse la aprobación y el perdón de Dios a través del desempeño. En esencia, el legalismo es auto-expiación por el propósito de la auto-glorificación y finalmente la auto-adoración. Muchos de nosotros (y aquí me incluyo a mí mismo) podemos acercarnos al legalismo casi sin darnos cuenta. Pero el legalismo es serio y es mortal.

Puedo asegurarte que en las próximos 24 horas tú y yo enfrentaremos a la tentación del legalismo – otra vez seremos desafiados y nos enfrentaremos con el legalista que llevamos dentro. Para combatir esta tendencia pecaminosa en nuestro propio corazón, es de suma importancia que nos mantengamos plantados en lo bueno del evangelio – para continuar en el mensaje con el que empezamos.

Aquí hay tres maneras que puedes intentar conseguir para mantenerte plantado en lo bueno del evangelio diariamente:

Primero, recuerda la cruz. “Ante sus propios ojos Jesucristo crucificado ha sido presentado tan claramente”. Pablo les recordó a los gálatas acerca de la cruz, y nos recuerda a nosotros también, porque nuestra tendencia y tentación diaria es olvidar la cruz. Reconoce esta tendencia en ti y recuérdate frecuentemente acerca de la cruz. Lee libros cuyo mensaje esté centrado en la cruz, escucha sermones cuyo mensaje esté centrado en la cruz, y memoriza versículos de las Escrituras referidos a la obra de Cristo en la cruz.

Segundo, haz memoria de tu conversión. “Quiero que me respondan esto: ¿Recibieron el Espíritu por las obras que demanda la ley, o por la fe con que aceptaron el mensaje?”. Con esta pregunta, Pablo nos señala de nuevo el mensaje que nos salvó. Él quiere que comencemos a interrogar al legalista que llevamos dentro, cada vez que el legalismo intenta sublevarse para adulterar o negar el poder único y salvador de la gracia de Dios. Recordar cómo nos convertimos es hacer memoria de la gracia. Como costumbre, aprovecho cada oportunidad para compartir mi testimonio con otros cristianos, y les pido que me compartan el suyo. Encuentro que esta costumbre nos ayuda a maravillarnos juntos de la gracia.

Tercero, examina tu esperanza. “Después de haber comenzado con el Espíritu, ¿pretenden ahora perfeccionarse con esfuerzos humanos?”. Aquí hay otra pregunta reveladora para el legalista dentro tuyo y dentro mío. Así que por favor ten bien en claro esto: nunca vas a estar más justificado -más aceptado por Dios y más justo ante sus ojos- de lo que lo estás ahora o lo que lo estabas en el primer momento en que ejercitaste el regalo de la fe en la persona y obra de Jesucristo. Nuestra esperanza para cada día no se basa en tratar de ganarnos el perdón de Dios, sino en mirar hacia fuera y hacia arriba, confiando en la obra del Hijo de Dios en nuestro lugar, porque nuestra justificación es en Su nombre, permanentemente y para siempre.

Recomiendo estas prácticas porque soy muy conciente de mis tentaciones y tendencias para intentar pasar desapercibido algo de mi carácter en la obra de gracia de Dios. Trato de sumar lo que hago a lo que Cristo ya hizo. Enfrento la tentación constante del legalismo. Pero plantarme cerca de la cruz me ayuda, por la gracia de Dios, a alejarme del legalismo.

Hay esperanza para nosotros en el evangelio. El evangelio nos ayuda a liberarnos del legalismo. El evangelio quita mis ojos de encima mío y los pone en Dios. Así que, en tu pelea contra el legalista que llevas dentro, recuerda la cruz. Haz memoria de tu conversión. Examina tu esperanza.

Sólo en la segura y certera esperanza en el evangelio podemos encontrar nuevamente esa llenura de gozo, pasión y gratitud centrada en Dios. Empezaste con el evangelio, así que quédate con el evangelio.


Copyright © 2007 Sovereign Grace Ministries. All rights reserved. International copyright secured. This article was published on Boundless.org on March 15, 2007.

Tomado y traducido de http://www.boundless.org/2005/articles/a0001465.cfm

septiembre 12, 2008

El excesivo amor de Dios

Dios cometió la locura de amarnos porque sí. Es decir, de amar a todos porque sí. Me refiero al nosotros más inclusive posible, ése de la humanidad. Porque me amó tanto a mí como a aquellos a quienes yo no puedo (o quizás no quiero) amar. Amó por igual a hombres y mujeres, blancos y negros, esclavos y libres, ricos y pobres, judíos y nazis. En un mundo plenamente maniqueísta, donde sólo está permitido amar al bueno, vino Jesús a trastocar todo al desenmascarar la verdad y amar sin distinción: “En realidad, todos son malos -dijo-, todos se olvidaron de cómo ser buenos, sólo que a unos se les nota más o menos que a otros. No los amo por su bondad o su maldad. Los amo simplemente por ser”.
Me pregunto, ¿podremos realmente aceptar que nos ame a todos por igual? ¿Qué nos ame tanto a ti y a mí como a un torturador, un abusador de menores o un genocida? ¿Seremos acaso capaces de perdonarle tanto amor?



¿Podremos "aceptar un corazón [el del Padre] cuya medida consiste en ser sin medida. Cuya razón cosiste en ser sin razón"? (Alessandro Pronzato, Evangelios molestos).

septiembre 01, 2008

El rico tiene necesidad del pobre

Hace unas semanas hablaba con una amiga, Magui Vieyra, y me decía que uno de los problemas que ve en la iglesia cristiana en cuanto a la acción social, es que se la entiende meramente como asistencia al necesitado, como simple provisión de paliativos. "A los pobres, -me decía- se les da pescado, en vez de enseñarles a pescar. Eso no soluciona el problema". Me dejó pensando, como tantas otras veces...

Jesús dijo: "Dichosos ustedes los pobres, porque el reino de Dios les pertenece. Dichosos ustedes que ahora pasan hambre, porque serán saciados. Dichosos ustedes que ahora lloran, porque luego habrán de reír (...) Pero ¡ay de ustedes los ricos, porque ya han recibido su consuelo! ¡Ay de ustedes los que ahora están saciados, porque sabrán lo que es pasar hambre! ¡Ay de ustedes los que ahora ríen, porque sabrán lo que es derramar lágrimas!" (Lucas 6:20-21,24-25).

Ayer, leyendo un libro de un gran autor, me encuentro con esto: A veces, "el rico ve al pobre de una manera equivocada. Como instrumento. Instrumento para ganar el paraíso. En tal caso, el rico tiene necesidad del pobre. Para darle limosna. Pero tiene necesidad de que el pobre siga siendo pobre, no piensa en `promocionarlo´. Si no, ¿cómo podría hacer limosna? ¿Cómo podría entonces sentir su conciencia tranquila? ¿Cómo podría entonces él, rico, entrar en el paraíso? (...) Entonces no se sabe ver al hombre como persona. Sino sólo al hombre a nuestro servicio (...) El rico, si quiere salvarse, tiene que reconocer los derechos privilegiados del pobre. Estamos muy lejos del concepto como `medio´ para mi salvación. Del pobre como `escalón´ para subir al paraíso (...) Se trata de considerar al pobre como el único que `tiene derecho´. Respetarlo, no favorecerle. Honrarlo, no ser caritativo con él. Amarlo, no llenarle el estómago. Pedirle con humildad, no darle ocn altivez (...) La salvación del rico consiste fundamentalmente en ser astuto. O sea, en descubrir que las llaves del paraíso están en las manos del pobre. Tiene que pedirle al pobre permiso para entrar" (Alessandro Pronzato, Evangelios molestos).

Incluía también esta cita: "Nadie se ensoberbezca por dar al pobre. Que no diga en su corazón: yo doy y él recibe; yo lo acojo, porque él no tiene ni siquiera un techo. Quizás a ti te falte más. Quizás aquel a quien acojes es un hombre justo: él tiene necesidad de techo, tú del cielo; él no tiene dinero, pero a ti te falta la justicia" (Agustín de Hipona).

¿Será acaso que mi amiga tiene razón?


"Unos dan a manos llenas, y reciben más de lo que dan; otros ni sus deudas pagan, y acaban en la miseria" (Proverbios 11:24).

"Hay quien pretende ser rico, y no tiene nada; hay quien parece ser pobre, y todo lo tiene" (Proverbios 13:7).